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miércoles 04 agosto 2021

Félix Sánchez, el atleta que bañó de oro a RD

Por: Noticias SIN / Color visión

Sánchez comenzó a representar a la República Dominicana en los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1999, donde no conquistó medalla pero dio señales de lo que el futuro le depararía

SANTO DOMINGO.- Un país entero se paralizó en el 2004 cuando Félix Sánchez ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas.

Sánchez comenzó a representar a la República Dominicana en los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1999, donde no conquistó medalla pero dio señales de lo que el futuro le depararía.

El momento cumbre de su carrera lo tuvo en los Juegos de Atenas del 2004, cuando 28 de agosto le dio al país su primera medalla de oro en esta justa deportiva.

La euforia colectiva que desató Sánchez el seis de agosto de 2004 en cualquier rincón del planeta donde dominicano alguno observara lo que ocurría, haciendo que el himno del país sonara por primera vez.

La historia se repitió en Londres 2012 cuando ganó la final de los 400 metros con vallas de los Juegos Olímpicos de Londres, 2012, convirtiéndose en el primer dominicano en lograr dos medallas en estos juegos.

Demostró que es un hombre de hierro capaz de desafiar al tiempo. Ocho años después de darle a República Dominicana el primer oro olímpico en su historia, el eterno «Súper Sánchez» se impuso en los 400 metros con vallas en los Juegos de Londres con tiempo de 47.63 segundos.

De su actuación en Pekín ya está todo contado. Salió a la pista descompuesto, dolorido, sin fuerza. Hizo un tiempo de 51.10, de sus peores registros en años. Fue descalificado en primera ronda.

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“Mi abuela se llamaba Lilian Peña, murió cuando corrí la primera ronda en los Juegos de Pekín 2008, pero ahora está aquí. Así la llamaba, abuela y nada más; en mi habitación de la villa tengo una foto de nosotros dos juntos y su recuerdo me hace correr más rápido”, dijo tras las eliminatorias de Londres.

En la final de 2012, lidió con el papel de ‘vieja gloria’. No contaba en las apuestas. Pero no importaba, tenía una ‘carta’ en el pecho, prendida con un alfiler, que le ‘ayudó’ a hacer la mejor marca del año, 47.63.

Sobre el podio se derrumbó, lloró el mar contenido desde hacía cuatro años, cuando en aquella pista de calentamiento le dijeron que su ‘Abuela’ -la misma palabra que lleva escrita en sus zapatillas- había muerto.

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