Hoy, 23 de octubre, conmemoramos la inauguración del Estadio Quisqueya en 1955, obra que dio inicio a la «Época de las Luces» en el béisbol dominicano.
Un día como hoy, 23 de octubre, pero del año 1955, se abrió una de las páginas más trascendentales en la historia del deporte y la infraestructura de la República Dominicana. Con la inauguración del entonces Estadio Trujillo —hoy Estadio Quisqueya Juan Marichal—, el país no solo estrenó un parque de pelota de nivel internacional, sino que dio inicio formal a una etapa dorada en el deporte rey: La Época de las Luces.
Aquella jornada dominical marcó la transición definitiva del béisbol diurno al esplendor de las luminarias artificiales, transformando para siempre la cultura y el entretenimiento del pueblo dominicano.
Una obra cumbre de la ingeniería dominicana e internacional
Construido con una inversión de RD$3,500,000, el parque de pelota representó un hito arquitectónico y de ingeniería para la época. Sus planos, inspirados en el Bobby Maduro Miami Stadium, estuvieron a cargo de la firma estadounidense Marr & Holman, bajo la dirección de los ingenieros William Holman y Richard Reynolds, quienes entregaron el proyecto a una prestigiosa comisión de ingenieros dominicanos integrada por Manuel Salvador Gautier, Humberto Ruiz Castillo y José Antonio Caro.
La ejecución de la majestuosa obra fue otorgada mediante contrato al reputado ingeniero dominicano Bienvenido Martínez Brea (San-San). En un hecho de gran orgullo técnico para la época, Martínez Brea empleó mano de obra íntegramente dominicana para levantar la estructura, con la única excepción de dos plomeros traídos desde la ciudad de Miami.
El discurso de Balaguer: Del «fusil» al deporte
El acto protocolar tuvo como orador principal al doctor Joaquín Balaguer, entonces Secretario de Estado de Educación, quien pronunció un discurso que dejó plasmada la visión política e ideológica de la época sobre el deporte como herramienta de formación social.
Durante su alocución, Balaguer calificó la estructura como «una maravilla de cemento y acero levantada con todos los requisitos de la ingeniería moderna», argumentando que el estadio no solo representaba un espacio de recreación, sino un pilar educativo para apartar a las nuevas generaciones de los conflictos del pasado:
«Ya la juventud no puede volver a pensar en el cantón, único horizonte que se abría ante sus ojos, cuando su deporte favorito era echarse el fusil al hombro para comparecer con ese instrumento fratricida en el palenque de las discordias civiles… Si algo desarrolla en el hombre la educación física es la idea de que la vida obedece a un orden inviolable,» sostuvo Balaguer en aquella histórica jornada.
Un legado que perdura en el corazón del pueblo
Tras la caída de la dictadura en 1961, el estadio pasó a llamarse Estadio Quisqueya, y décadas más tarde, en febrero de 2015, sumó a su nombre el tributo al Inmortal de Cooperstown, Juan Marichal.
A 71 años de aquel emblemático corte de cinta y del primer batazo bajo los reflectores, el Estadio Quisqueya Juan Marichal continúa erigiéndose como el templo donde confluyen la historia, la pasión y la identidad del béisbol en la República Dominicana.
