Según la OMS, cerca del 10% de las embarazadas y el 13% de las mujeres que acaban de dar a luz presentan un trastorno mental
Una de cada ocho mujeres experimenta un trastorno mental, principalmente depresión, en el periodo posterior al parto. El dato proviene de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que estima que cerca del 10% de las mujeres embarazadas y el 13% de las que acaban de dar a luz presentan este tipo de afecciones.
En países en desarrollo las cifras son más altas: 15,6% durante el embarazo y 19,8% después del parto.
El organismo señala que prácticamente cualquier mujer puede verse afectada y que factores como el estrés extremo, la pobreza, la violencia y el bajo apoyo social elevan el riesgo.
Los primeros meses de vida del bebé se traducen en una rutina de alta intensidad: despertares nocturnos, tomas frecuentes, extracciones de leche y el ciclo repetido de lavar, esterilizar y secar biberones y piezas de extractor. Son tareas pequeñas que, acumuladas, reducen de forma significativa el tiempo de descanso.

Esa carga no se distribuye de manera equitativa. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en la región las mujeres destinan el 19,6% de su tiempo al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, frente al 7,3% de los hombres. En el posparto, esa brecha tiende a hacerse más visible y puede intensificar el agotamiento.
La OMS advierte que los trastornos mentales maternos, cuando son prolongados o graves, pueden afectar el vínculo entre la madre y el bebé, la lactancia y el cuidado del recién nacido. Al mismo tiempo, destaca que son tratables y que existen intervenciones eficaces, incluso cuando son aplicadas por personal de salud no especializado que haya recibido formación adecuada.
En ese escenario, especialistas y marcas del sector han empezado a hablar del peso de la rutina cotidiana. “En las consultas con mamás de la región lo que más se repite es que el tiempo y el sueño se convierten en los recursos más escasos. Agilizar las tareas más repetitivas de la rutina puede ayudar a mejorar su bienestar físico y mental, porque menos pendientes al final del día se traducen en más espacio para el descanso, para la pareja, para la familia o simplemente para ella”, señaló Denisse Lafaurie, coach de sueño infantil.
Más allá de la fatiga: Comprendiendo el impacto posparto
El cuerpo y la mente de una mujer experimentan cambios drásticos durante el embarazo, el parto y el puerperio. Las alteraciones hormonales combinadas con la privación extrema de sueño crean un terreno vulnerable:
- Trastornos del estado de ánimo: La depresión y la ansiedad posparto pueden nublar los primeros meses de la maternidad, generando sentimientos de culpa, aislamiento, agobio constante y dificultad para vincularse con el bebé.
- El peso del agotamiento: La falta de sueño acumulada no es solo un síntoma de tener un recién nacido; es un factor detonante que agrava directamente la estabilidad emocional y cognitiva de la madre.
- La necesidad de delegar: La presión social por «poder con todo» a menudo impide que las madres pidan ayuda. El descanso real —dormir las horas necesarias y contar con apoyo en las tareas del hogar— no es un lujo, sino un pilar biológico de supervivencia y salud mental.
Aligerar estos pendientes no elimina el cansancio ni los cambios emocionales propios del posparto, pero puede liberar minutos que suelen destinarse a la logística del día a día. Ese margen, aunque limitado, ayuda a sostener mejor la rutina.
Si la tristeza, la ansiedad o el agotamiento se prolongan y empiezan a afectar el día a día, conversar con el médico, el ginecólogo o el pediatra, o acercarse a los servicios de salud mental disponibles, es un paso útil.
Pedir ayuda a tiempo también forma parte del cuidado.
