La temperatura marina bate récords históricos mientras se consolida un “súper El Niño”
Las aguas globales alcanzaron una media sin precedentes de 21.1°C en pleno mes de agosto. El fenómeno climático, con un 95% de probabilidad de ser extremo para fines de año, ya desata sequías críticas en América Latina.
Un récord fuera de temporada que alarma a los científicos
En un giro que desconcierta y preocupa a la comunidad científica internacional, el océano global ha entrado en un territorio completamente inexplorado. El pasado 22 de agosto de 2026, la temperatura media de la superficie del mar a nivel mundial alcanzó los 21.1°C, el registro más alto jamás documentado desde que comenzaron los registros satelitales en 1979, según datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus de la Unión Europea. Este nuevo récord supera el pico anterior de 21.09°C establecido en marzo de 2024.
La anomalía no solo alarma por su valor absoluto, sino por la época del año en que ocurre. Los océanos suelen registrar sus temperaturas máximas anuales entre marzo y abril, coincidiendo con el final del verano en el hemisferio sur. Que el récord histórico se rompa en pleno mes de agosto sugiere, en palabras de los expertos de Copernicus, que «algo ha cambiado en el comportamiento basal del océano global».
Aunque el fenómeno de El Niño está inyectando calor adicional, los investigadores enfatizan que el verdadero motor detrás de estas cifras extremas es el calentamiento global acumulado durante décadas por la quema de combustibles fósiles. El Niño no es el único culpable, sino un amplificador temporal sobre un sistema que ya corre con «fiebre».
La sombra de un «Súper El Niño» global
El fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) se está fortaleciendo de forma acelerada en el océano Pacífico ecuatorial. El Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) estiman que existe un 95% de probabilidad de que el evento alcance una intensidad «muy fuerte» (un súper El Niño) entre octubre y diciembre de 2026. Además, advierten sobre un 69% de probabilidad de que este episodio se convierta en el más intenso registrado desde 1950.
A nivel global, la consolidación de este «súper El Niño» ya está provocando disrupciones climáticas severas:
- Sequías e incendios: El norte de Sudamérica (Colombia, Venezuela y las Guayanas), Centroamérica y el sudeste asiático (con incendios forestales masivos en Indonesia) experimentan graves déficits de lluvias.
- Crisis logística y económica: En Panamá, la persistente sequía reduce los niveles de agua de los lagos que alimentan el Canal de Panamá, lo que amenaza con encarecer el transporte de mercancías y elevar los costos globales de productos básicos como medicamentos y combustibles.
- Riesgos de salud pública: Expertos sanitarios advierten que las sequías prolongadas, la falta de agua potable limpia y las inundaciones localizadas aumentan la propagación de enfermedades sensibles al clima, tales como el dengue, la malaria, el cólera y la fiebre amarilla.
El impacto en la República Dominicana: Sequía severa y embalses bajo mínimos
A pesar de estar geográficamente distante del Pacífico ecuatorial, la República Dominicana sufre con crudeza los efectos de teleconexión de El Niño, que se han traducido en una escasez de agua sin precedentes.
El Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) ha emitido alertas por una drástica y gradual disminución de las lluvias durante el segundo semestre de 2026.
Este histórico déficit ha golpeado de forma directa el almacenamiento de agua de la nación. Los niveles de los embalses y presas, que en mayo de 2026 rondaban un nivel saludable del 88%, han descendido drásticamente.
A esta situación se suma una fase de calor extremo, potenciada por la llegada periódica de nubes de polvo del Sahara que elevan de forma asfixiante la sensación térmica.
La paradoja de la temporada ciclónica
Por otra parte, la consolidación de El Niño genera un efecto particular en la temporada de huracanes del Atlántico 2026. Al calentar el Pacífico, El Niño incrementa los «vientos cortantes» (cizalladura) en el Caribe, un factor que dificulta físicamente que las tormentas se organicen y se conviertan en ciclones mayores.
No obstante, las autoridades dominicanas insisten en que «baja actividad no significa bajo riesgo». Con aguas atlánticas inusualmente cálidas, cualquier tormenta que logre romper la barrera de los vientos cortantes tiene el potencial de intensificarse con rapidez y transformarse en un sistema devastador.
Frente a este escenario, el gobierno dominicano, liderado por el presidente Luis Abinader, activó preventivamente el Plan de Contingencia para la Temporada Ciclónica 2026 desde el Centro de Operaciones de Emergencias (COE). Aunque las estimaciones auguran un año por debajo de la media (de 8 a 13 tormentas con nombre frente a la media histórica de 14), las autoridades realizaron simulacros de respuesta ante un huracán de categoría 4 para mantener listos todos los mecanismos de prevención y respuesta del Estado.
Un planeta bajo estrés
El nuevo récord de calor oceánico global registrado este agosto de 2026 no es una anomalía pasajera, sino el síntoma visible de un planeta sometido a un estrés sin precedentes por la actividad humana. A medida que El Niño avanza hacia su pico máximo a finales de año, la República Dominicana y el resto del Caribe se enfrentan a desafíos urgentes en materia de seguridad alimentaria, abastecimiento de agua y salud pública, haciendo que la adaptación climática sea una prioridad inaplazable de supervivencia diaria.
