El reciente hallazgo de un megacampamento narco en San José de Ocoa revela cómo el crimen organizado traslada cultivos ilícitos a las montañas del sur
El reciente hallazgo de un gigantesco campamento narco-agrícola en San José de Ocoa ha encendido las alarmas y es que este operativo no es un caso aislado, debido a que las redes criminales están trasladando sus cultivos ilícitos a las zonas montañosas del sur del país.
El reciente hallazgo de un gigantesco campamento narco-agrícola en San José de Ocoa ha encendido las alarmas. Lo que a simple vista parecía una zona rural de difícil acceso, escondía un centro de producción y procesamiento de drogas a gran escala. Sin embargo, este operativo no es un caso aislado, sino el reflejo de una preocupante tendencia: las redes criminales están trasladando sus cultivos ilícitos a las zonas montañosas del sur del país.
¿Por qué nuestras montañas fértiles se están convirtiendo en el objetivo del micro y macrotráfico, y qué le falta al Estado para detener esta invasión silenciosa?
El «Mega-Cultivo» de San José de Ocoa: Un Golpe Reciente
El 8 de junio de este año 2026, las autoridades de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), apoyadas por el Ministerio Público y la Fuerza Aérea, dieron un golpe sobre la mesa al intervenir una finca en el distrito municipal de El Pinar, en la provincia de San José de Ocoa.
Los hallazgos de este operativo demuestran un nivel de sofisticación:
- Se descubrió una extensa plantación con más de 3,000 plantas de presunta marihuana, además de otras en proceso de germinación.
- La finca operaba como un centro de acopio y procesamiento completo, equipado con paneles solares, motobombas, bombas de fumigación, ventiladores, secadoras y equipo de empaque al vacío.
- Las autoridades también decomisaron cinco garrafones llenos del vegetal ya procesado.
- El operativo resultó en el arresto infraganti de un dominicano y dos ciudadanos haitianos.
La complejidad logística de esta red criminal quedó evidenciada en el proceso de extracción: los fiscales y agentes trabajaron durante más de 12 horas, viéndose obligados a utilizar mulas y caballos para poder sacar las plantas y los equipos decomisados de la zona debido al difícil acceso.
No es un caso aislado: Más de 4,800 plantas en apenas 4 meses
El operativo de El Pinar figura entre los decomisos de marihuana más grandes registrados recientemente en República Dominicana. Sin embargo, si analizamos los datos del último año, este evento es solo la continuación de una ruta narco-agrícola establecida en la región sur.
En los primeros meses del 2026, la región ha visto la incautación de al menos 4,835 plantas. El antecedente más inmediato ocurrió hace tan solo cuatro meses, en febrero de 2026. En ese momento, la DNCD desmanteló otra importante plantación con 1,835 matas de marihuana en una zona montañosa de la sección Montería, ubicada en el municipio de Baní, provincia Peravia. Estas plantas ya habían alcanzado hasta los dos metros de altura.
¿Por qué los criminales se apropian de estos terrenos?
Desde la óptica investigativa, el patrón está claro. Los traficantes no eligen San José de Ocoa o Peravia por casualidad. Existen factores estratégicos que convierten a estas montañas en el «paraíso» ideal para los cultivos ilícitos:
- Aislamiento y Topografía Hostil: Como quedó evidenciado en el operativo de Ocoa, donde el uso de mulas de carga fue indispensable, las redes buscan zonas rurales escarpadas donde los vehículos motorizados de las autoridades no pueden llegar fácilmente. El aislamiento retrasa el tiempo de respuesta policial.
- Suelos y Clima Privilegiado: La región sur, especialmente en zonas de altura media, posee condiciones climáticas (humedad y temperaturas frescas) y una tierra sumamente fértil, lo cual permite un crecimiento acelerado del cannabis sin necesidad de grandes invernaderos artificiales.
- Baja Densidad Poblacional: Al establecerse en distritos municipales remotos y despoblados, los líderes de estas redes criminales reducen el riesgo de ser denunciados por vecinos, además de que suelen utilizar mano de obra vulnerable o extranjera para el cuidado diario de las fincas.
- Autonomía Energética: Las incautaciones de paneles solares demuestran que ya no dependen de las redes eléctricas formales. Se adentran en los bosques vírgenes y montan infraestructuras completamente autónomas, indetectables para las empresas distribuidoras de energía.

La Ruta a Seguir: ¿Qué deben hacer las autoridades?
Para evitar que nuestras zonas montañosas sigan siendo tomadas por estas infraestructuras criminales, la estrategia del Estado debe evolucionar de un enfoque reactivo a uno puramente preventivo y tecnológico. Aquí algunas medidas imperativas:
- Vigilancia Aérea y Satelital Continua: Depender únicamente de informantes o «trabajos de inteligencia» terrestres ya no es suficiente. El Ministerio de Medio Ambiente y las agencias de inteligencia deben cruzar datos satelitales mensuales y utilizar drones de largo alcance térmico para detectar deforestaciones inusuales o instalaciones solares anómalas en áreas boscosas protegidas.
- Fortalecimiento de la Inteligencia Rural: Se debe crear una red de colaboración segura y anónima con los campesinos y agricultores locales. Las juntas de vecinos rurales y los alcaldes pedáneos son la primera línea de defensa para reportar «forasteros» comprando grandes cantidades de insumos agrícolas o mangueras hacia zonas despobladas.
- Fiscalización de Terrenos y Títulos: Es vital investigar quiénes son los verdaderos propietarios legales de las fincas donde ocurren estos operativos, aplicando leyes de extinción de dominio no solo a los que siembran, sino a los dueños de las tierras que permiten (por complicidad o negligencia) que estas redes operen en sus linderos.
- Capacitación y Equipamiento de Unidades Especializadas: La creación de brigadas forestales de la DNCD con entrenamiento en combate y supervivencia en terrenos de montaña, equipados con vehículos todoterreno especializados que acorten el tiempo de respuesta en estos entornos hostiles.
El desmantelamiento en San José de Ocoa es una victoria para las autoridades, pero también un recordatorio alarmante: la guerra contra las drogas en República Dominicana ya no solo se libra en los puertos o en las calles de los barrios, ahora también se está combatiendo palmo a palmo en nuestras montañas.
