El flujo constante de divisas es uno de los pilares que permite que el peso dominicano se mantenga estable frente al dólar.
El Banco Central de la República Dominicana (BCRD) ha dado a conocer las cifras del primer mes del año, y los números confirman que el compromiso de la diáspora con su tierra sigue más sólido que nunca. Durante enero de 2026, el flujo de remesas alcanzó los 982.8 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 5% en comparación con el mismo mes del año anterior.
Este dinamismo no es casualidad; responde a una combinación de resiliencia de los dominicanos en el exterior y un comportamiento estable en las economías donde residen.
Los puntos clave del informe:
- Dominio desde EE. UU.: Como es tradición, la mayor parte de estos fondos provino de los Estados Unidos, país que originó el 79.4% de los flujos formales.
- Diversificación geográfica: Aunque EE. UU. lidera, también se registraron aportes significativos desde España (segundo emisor más importante), seguido por países como Italia, Suiza y Haití.
- Impacto directo: Estos recursos no solo llegan a los hogares para cubrir necesidades básicas, sino que generan un efecto multiplicador en el consumo local, la inversión y el comercio.
Un respiro para la estabilidad cambiaria
El flujo constante de divisas es uno de los pilares que permite que el peso dominicano se mantenga estable frente al dólar. Junto al turismo y las exportaciones de zonas francas, las remesas actúan como un escudo que fortalece las reservas internacionales, permitiendo que el país enfrente con mejores herramientas las incertidumbres del mercado global.
Conclusión: El motor invisible de la economía dominicana
El aumento del 5% en este inicio de año es mucho más que una simple estadística fría; es el reflejo de una comunidad en el extranjero que, a pesar de los desafíos económicos globales y los cambios en las políticas migratorias o fiscales, prioriza el bienestar de sus familias en la isla.
Para la República Dominicana, estos 982.8 millones de dólares representan estabilidad social y un motor de consumo que mantiene viva la dinámica comercial interna. Si enero es el termómetro de lo que vendrá, el 2026 apunta a ser un año de consolidación financiera, donde el esfuerzo de «los que están fuera» seguirá siendo el salvavidas de muchos «de los que están aquí».
